Lalo Fernández y la crisis de 2002: «Nos teníamos que salvar entre todos»

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Lalo Fernández y la crisis de 2002: «Nos teníamos que salvar entre todos»

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A veinte años de la crisis económica y financiera de 2002 Radio Camacuá habló con Eduardo Lalo Fernández, entonces presidente del sindicato.

El dirigente que condujo al sindicato durante dos décadas íntegras aseguró que desde principios de los años setenta el sistema financiero ya constituía una preocupación para el sindicato. Explicó que a partir de esos años la política económica de los gobiernos se centró en constituir a Uruguay como una plaza financiera regional, y se le adjudicó una gran importancia a la instauración y protección del secreto bancario. Luego, a consecuencia de esa política, en la década de los noventa algunos bancos entraron en crisis, circunstancia que condujo al sindicato a salir de inmediato en  defensa de los puestos de trabajo.

«Nosotros como AEBU seguimos porfiadamente estudiando el sistema financiero y a todo Gobierno nuevo que aparecía le decíamos ‘mire que la banca es un peligro porque se cae algo y se lleva el país’. Ya en las elecciones de 1994 habíamos hablado con los partidos políticos diciendo que había que meterse en el sistema financiero […] que se iba privatizando más, que aparecían más casas bancarias, pululaban las casas bancarias por todos lados. Ya en 1999 fuimos por todos los partidos políticos, e hicimos en el Parlamento una conferencia de prensa con el famoso documento "El sistema financiero, un asunto de Estado"».

En diciembre de 2001 estalló en Argentina una crisis financiera, política y social. En enero de 2002 la corrida bancaria argentina alcanzó al Banco de Galicia que tenía oficinas en Uruguay, cuyos clientes empezaron a retirar sus depósitos. «Ahí nosotros lo que hicimos inmediatamente fue un paro para que no se llevaran todo. Lo que teníamos que buscar nosotros era tratar de detener esa corrida», dijo Fernández y agregó que la preocupación aumentó cuando los depósitos también «se iban de la banca oficial», porque hasta el momento «en la banca estatal se tenía confianza».

A los pocos meses se produjo «la estafa, el robo al Banco Comercial», que era en ese momento el banco privado «más grande del país». En una rápida sucesión, a los dos meses, se produjo la caída del Banco Montevideo y Caja Obrera, «que venía a ser el segundo banco más grande». Si bien el sindicato mantenía contacto con las autoridades, las valoraciones sobre la situación planteada eran opuestas: «Nunca perdimos el diálogo». Alberto Bensión, en ese momento ministro de Economía, había sido presidente de Asociación de Bancos del Uruguay, «por lo tanto nos conocía de tiempo, y el presidente del directorio del Banco Central, Cesar Rodríguez Batlle, también. Pero lo que no había era medidas que llevaran fuertemente a trancar todo y buscar cómo salir de esto, y volver a plantear una cosa fundamental: que la gente empezara a creer nuevamente en la plaza financiera. […] Todos los días salían y salían depósitos de los bancos», relató. 

«Las conversaciones se fueron dando, pero también las críticas. Tanto del sindicato bancario como del PIT-CNT en general porque además […] también empezaron a caer empresas, negocios, se iba quedando gente en la calle, se iba generando una desocupación tremenda, una inflación muy grande».

El 13 de agosto de 2002, AEBU convocó a ahorristas, usuarios de los bancos y población en general, a una asamblea en el Salón Azul de la Intendencia de Montevideo a la que concurrieron miles de personas. El sindicato expuso en ese momento las alternativas que veía en ese contexto y se convirtió en una referencia responsable en un momento en el que podía desencadenarse una crisis institucional. El gobierno de coalición del Partido Colorado y el Partido Nacional presidido por Jorge Batlle no le daba respuestas a la población en general ni a los ahorristas que habían perdido sus depósitos en los bancos quebrados. «Fueron siete meses en los que había permanentemente caídas y problemas. ¿Qué temía AEBU además? La pérdida de las fuentes de trabajo de miles de trabajadoras y trabajadores bancarios».

Se estaba ante un vacío de poder. «Había que salir a hablar, y en ese momento nadie hablaba. Nadie salía a hablar. Alguien podría haber dicho ‘podría haberse dedicado AEBU a defender únicamente las fuentes de trabajo’, ¿cuál fuente de trabajo? Si se caía todo. El problema es que si no existe la empresa no existe el puesto de trabajo, por lo tanto lo que nosotros teníamos que defender era justamente el sistema, para no perder las fuentes de trabajo. Esto nos llevó a ir conversando con muchos sectores. Porque además, en aquel momento de pérdida de rumbo de a dónde iba el país, a este local —nuestro local— y en el interior todos los compañeros recibían a asociaciones de todo tipo, de productores, de las más diversas tendencias, de las más diversas producciones. [Venían] a hablar con AEBU, a preguntar qué hacer, y fuimos con todo, tratando de explicar».

El sindicato sabía que podía generarse una crisis, «pero el tema era que el Banco Central no controlaba nada. Nada. Y AEBU en ese momento comenzó a actuar, sobre todo a partir de la banca privada, liderada por Juanjo [Ramos] brillantemente, [Pablo] Bolita Andrade y alguno más.  Empezaron a pedirle a los gerentes de los bancos del interior que nos mandaran a decir por día cuántos depósitos se iban. Entonces en ese trabajo de hormiguita diario sabíamos cuánto se iba. Éramos los únicos. Nadie más [lo sabía]. Si el Banco Central podía tener [esos datos] no sé, pero si los tenía no los daba. Empezamos a pasárselos a los partidos políticos».

La crisis financiera aumentó la deuda de los sectores productivos. «Junto a la Asociación de Cultivadores de Arroz, la Federación Rural, la Asociación de Farmacéuticos, los de las panaderías, el PIT-CNT y alguno más, armamos aquella Concertación para el Desarrollo. Nos metimos en todos lados y empujamos. Había un Gobierno que estaba desconcertado».

La crisis desgastó la figura del ministro de Economía, Alberto Bensión. Primero la oposición pidió la renuncia y luego [esto sucedió] dentro del oficialismo. El presidente Jorge Batlle debía nombrar a un nuevo ministro, pero «nadie aceptaba». Alejandro Atchugarry, con un perfil político más que técnico, «con una gran capacidad de diálogo», finalmente tomó la titularidad de la política económica en Uruguay. Atchugarry, «supo escuchar, empujar sus posiciones […], porque tampoco vamos a decir que dialogábamos divino. Nos llevábamos notablemente porque era una persona que escuchaba y se había convencido de que los bancarios sabíamos del tema».

«La población estaba asustada en general. Sin la conducción en banca privada de Juanjo Ramos no sé por dónde hubiéramos salido. Sin duda Juanjo, un hombre fuerte, duro, supo pararse de una manera muy clara. […] El gremio como tal lo entendió. Porque teníamos un gremio que se estaba quedando en la calle y entonces nosotros salimos a decir, ‘no, pero hay que juntarse para ver’, y el gremio lo entendió. Se hicieron giras por todo el país de todos los dirigentes [con] la posición de Ramos como el hombre fuerte en la discusión, sin duda. Si no hubiera estado Juanjo no se qué hubiera pasado. Lo mismo que uno dice 'si no hubiera aparecido un Alejandro Atchugarry', que era al contrario un hombre de muy bajo perfil. Pero el tema es que AEBU se ganó la calle […] en el sentido de que éramos los que teníamos las ideas. Entonces la gente dijo ‘ah, estos son los que saben para dónde van’. […] Eso fue permitiendo cortar también lo que podría haber sido copiar lo que pasó en Argentina».

La crisis financiera no solamente afectó al sistema: profundizó la situación en la que ya venía el país desde hacía varios años. Aumentaron los indicadores de desigualdad, de pobreza, de desempleo, caída del salario, por mencionar algunos aspectos. En este escenario, con miles de puestos de trabajo en riesgo, en particular en el sistema financiero, AEBU además colaboró con el sostén de diferentes iniciativas populares que buscaban hacer frente al hambre que crecía entre la población.

Lalo Fernández recordó que en aquel momento un tornado destruyó varias viviendas en Progreso (Canelones), y junto al sindicato de la Construcción, AEBU fue a reparar esas casas afectadas. También estuvo en el sostén de merenderos y ollas populares. «Había [problemas] por todos lados y teníamos también que aportar. […] Nos teníamos que salvar entre todos».

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