La madre de todas las crisis. Capítulo 2

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La madre de todas las crisis. Capítulo 2

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Con las voces de Juanjo Ramos, Lalo Fernández, Jorge Batlle y Óscar Bottinelli y el hilo conductor del politólogo Jaén Motta avanzamos en la comprensión de la crisis de 2002.

En nuestra primera nota de la serie repasamos a grandes rasgos la profunda crisis que vivía Uruguay en 2002. En este capítulo aportaremos algunos datos más sobre la situación del país en 2002 para más adelante transcribir —sin el filtro de la memoria— los testimonios «en caliente» de diversos protagonistas de ese tiempo que «vivimos en peligro», al decir de Alejandro Atchugarry.

Como punto de partida recurrimos a un enfoque académico sobre esta etapa atravesada por el país, en el que se establece claramente el rol de AEBU. Se trata de la tesis de licenciatura en Ciencia Política «El rol y la estrategia de AEBU en la crisis bancaria de 2002». El trabajo fue elaborado en 2005 por el politólogo Jaen Motta para el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar. El autor tomó como punto de partida el hecho de que «las instituciones centrales, y el diseño institucional central del país que regula los procesos, en particular los de crisis, no fueron capaces de continentar a la ciudadanía; lo que equivale a decir que las instituciones centrales fallaron en su finalidad». Ello dio lugar a que «instituciones subsidiarias y subordinadas de segundo orden, en cuanto agentes 'continentadores' como los sindicatos, emergen en esta situación de crisis asumiendo roles y funciones que no le son típicamente propias, con un protagonismo muy relevante pero acotado al tiempo de duración de la crisis institucional, es decir hasta que las instituciones principales logren nuevamente 'continentar' a la ciudadanía». Bajo estos conceptos técnicos Motta encuadró y legitimó el accionar de nuestro sindicato.

Este es el camino

Más adelante en su análisis, el politólogo consideró «importante destacar que las propuestas que el sindicato impulsó tuvieron dos efectos paralelos: por un lado generaron tranquilidad ante la incertidumbre y la inexistencia de alternativas y por el otro, aspecto que no es menor, estas propuestas se transformaron en los caminos o puentes que llevaron finalmente a la salida. El sindicato no podría haber emergido de la crisis de la manera que salió (con una gran jerarquización a nivel de opinión pública) si las ideas que impulsó en su momento no hubieran sido aplicables y aplicadas. En un sistema político y económico donde la estabilidad depende tanto de la opinión pública y de la confianza, que son elementos intangibles, inmateriales, AEBU se transformó con sus propuestas en un centro de generación de confianza».

Para poner todavía un poco más de orgullo en los corazones de nuestros afiliados, Motta agregó: «Finalmente, la resolución de la crisis bancaria fue articulada por AEBU en una actitud de alta responsabilidad política. En dicho accionar el sindicato operó con rasgos nítidos de sujeto gobernante, y paralelamente impulsó una estrategia que no sólo contenía reclamos reivindicatorios sectoriales, sino que tuvo en cuenta los intereses colectivos del cuerpo social. En su accionar debió contemplar 'el todo' nacional para defender 'la parte' sectorial».

Dólares a la hoguera

Es oportuno sustentar este análisis con palabras de Juan José Ramos, entonces presidente del Consejo del Sector Financiero Privado al diario Cambio de Salto, para captar cómo veía AEBU la situación del país: «En cuatro meses, de mayo [de 2002] hasta casi agosto, hasta cuando asumió Atchugary, fue un 'desgobierno'. O sea, hicieron el primer acuerdo [con el FMI] cuando aprobaron el segundo ajuste fiscal que se votó en el Parlamento, que no paró la corrida. Mil y pico de millones de dólares vinieron del Fondo Monetario, y en realidad esos mil y pico se fueron en dos semanas. Entonces, lo que nosotros vivimos desde mayo hasta casi agosto, hasta el feriado bancario, fue un proceso de desgobierno, de claro desgobierno, y nosotros más que a las medidas prontas de seguridad, lo que temíamos es que la corrida en las dimensiones que se estaba planteando lo que provocara fuera un quiebre institucional jodido».

Y el desgobierno citado era fruto de la división política del Partido Colorado y de la propia coalición bipartidista que se había formado para impedir en la segunda vuelta el triunfo del Tabaré Vázquez. Para Juanjo, «desde mi punto de vista, el gobierno generó los hechos que activaron la corrida. La corrida empezó por los no residentes, y fundamentalmente se agravó cuando Cesar Rodríguez Batlle [entonces presidente del Banco Central] y Bensión dijeron que los no residentes del Banco de Galicia no iban a ser garantizados por el Estado. Para los argentinos, que vivían el corralito en su país, eso fue explosivo. Por lo tanto, a partir de ese hecho hubo una incapacidad de generar señales de confianza. Nosotros planteamos desde el mes de febrero al gobierno la necesidad de hacer un acuerdo político con todos los partidos para bancar la corrida. Lacalle y Vázquez lo apoyaban, pero no se pudo concretar porque el sector de Sanguinetti del Partido Colorado no estaba de acuerdo con una salida de este tipo. Nosotros estuvimos operando para que se hiciera ese acuerdo político que regenerara la confianza en el sistema; Vázquez y Lacalle se pusieron a la orden, el presidente también, pero Sanguinetti se opuso».

Un argentino, un hermano

Si retrocedemos un poco en el tiempo, recordaremos que, a principios de junio de 2002, en una entrevista con la agencia Bloomberg, Jorge Batlle había acusado a los argentinos de ser «una manga de ladrones, del primero al último», para hacerlos responsables difusamente de la corrida bancaria y del vaciamiento del Banco Comercial. Estas manifestaciones merecieron entonces un severo juicio de Óscar Bottinelli: «Un presidente de la República en este estado emocional, comunicando su estado emocional, es en sí mismo un factor de desestabilización en el país. De desestabilización anímica. Mirando eso uno se siente mal, siente que las cosas están horribles por cómo está el presidente. Uno no sabe cómo están los indicadores económicos, qué pasa con la moneda, los cambios, los depósitos bancarios, pero uno ve al presidente transmitiendo una inseguridad muy grande. Ese factor es muy peligroso; por eso decía que en el Crucero del Amor se puede hacer chistes y bailar, pero en el Titanic se necesita dar tranquilidad, no entrar en pánico». El citado fue un comentario que dejó en evidencia un desconcierto muy grande, al grado de la desesperación, en el presidente.

«Crear de una vez por todas la cultura de la unidad nacional»

Con estos antecedentes cabe ahora incluir las palabras de Eduardo Lalo Fernández, entonces presidente de AEBU entrevistado por Jaen Motta: «Tratamos de encontrar soluciones y salidas junto a los ahorristas, los deudores y el propio Parlamento. Porque somos conscientes de que estamos ante una enorme crisis. Y hay dos caminos claros: tratar de encontrar de forma inteligente las salidas, o dejar que caiga todo. Lo cierto es que la actual situación debemos definir un nuevo sistema financiero que contemple a todos los protagonistas. Es por ello que a la hora de discutir salidas AEBU convocó a otros sectores para explicar qué se jugaba cada uno de ellos en cada alternativa que se planteara. Ello determinó que no solo se tuviera en cuenta la fuente de trabajo de cientos y cientos de compañeros. Si se hubiera tenido en cuenta solamente este problema, la reacción natural del gremio habría sido el inicio de drásticas medidas de lucha y no la búsqueda de salidas. Si se hubiera optado por el paro y la huelga, no tendríamos hoy fuentes de trabajo que defender en muchos lugares. AEBU apostó a la búsqueda de un camino de salida. […] Y esto no significa que estemos de acuerdo con la política económica del gobierno, que fue la que nos llevó a la actual situación. Lo que sí queremos es crear de una vez por todas la cultura de la unidad nacional y de la democracia de las grandes mayorías. Es la única forma de lograr salidas participativas. […] Quiero destacar y subrayar que desde el PIT-CNT y de AEBU tenemos como prioridad la defensa de las instituciones democráticas como un elemento sustancial y esencial en la vida de los pueblos. Los uruguayos conocemos bien lo que significa un golpe de Estado. […] No debemos olvidarnos, además, de que en determinado momento nos encontramos con un ministro de Economía que había renunciado, un directorio del BCU que había caído, la mitad del sector financiero privado quebrado, un BHU mal gestionado y golpeado. En este marco AEBU tuvo que reunirse con el Gobierno y otros actores para encontrar salidas. La otra postura que se podía haber tomado hubiera sido la del enfrentamiento y —estamos convencidos— estaríamos en un caos total en todo el país».

Información es poder

En medio de la situación descrita AEBU tenía el poder de la información. Así lo escuchó Motta de los labios de Lalo: «Los únicos que teníamos las cifras de la corrida día a día éramos nosotros. A través de un mecanismo muy artesanal pero muy lógico: llamábamos todos los días a los bancos a preguntar 'Oiga, cuánto se fue y cuánto ingresó'; el Banco Central nunca tenía esos datos porque el sentido común o el sentido profesional del directorio, de las autoridades máximas del Banco Central, no permitía hacer esas gestiones por la información. Por tanto era lógico, el Parlamento nos preguntaba a nosotros… […] Los propios parlamentarios venían acá [local de AEBU] a pedirnos información; es más, muchos parlamentarios del Gobierno o de la oposición, en forma callada pedían: '¿me puedo reunir callado con fulano, con mengano?'»

Estos testimonios cierran una segunda nota que intenta transmitir por una parte el caos gubernamental que se vivía, y por otra la claridad de espíritu, determinación y firmeza con que se movió AEBU en todo momento, cuando los poderes naturales, «las instituciones centrales» —como las denomina técnicamente Motta— defeccionaban.