La ruta del efectivo

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La ruta del efectivo

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Cómo entra al país el dinero sucio, cómo se lava ingresándolo a un circuito comercial para luego bancarizarlo y cuántas dificultades tiene este proceso es el tema editorial de esta semana.

EDITORIAL

Un operativo de control en el puerto de Colonia permitió la incautación de un importante monto de dinero en efectivo, que intentaba ingresar al país un ciudadano argentino. Los antecedentes fueron pasados a la Secretaría Nacional para la Lucha contra el Lavado de Activos y Financiamiento del Terrorismo (Senaclaft).

La noticia —de esta semana— da cuenta de una intervención exitosa en la lucha contra la introducción al país de dinero y metales preciosos, por encima de los montos establecidos.

Si el dinero hubiera ingresado —algo que sucede mucho más habitualmente de lo que la opinión pública supone— habría atravesado la primera barrera de control para lograr el objetivo de ser blanqueado.

La segunda barrera que deberá superar el dinero, ya provenga de actividades ilícitas o solo busque evadir impuestos, es la que impone la aun vigente Ley de Inclusión Financiera. Para que dicho efectivo pueda tener un uso práctico deberá primero ingresar al sistema financiero y luego invertirse en transacciones legales. Las limitaciones para concretar negocios importantes con el efectivo obligan a buscar formas de bancarización.  Pero en el ámbito financiero se deberá dar explicación del origen de los fondos o dispersarlo en varias cuentas pequeñas en diversas instituciones. Habrá que detallar fuentes de ingresos, usar testaferros o sociedades pantalla, toda una desestimulante ingeniería generalmente reservada para prestigiosos profesionales que cuentan con herramientas y contactos apropiados.

De hecho, la casi totalidad de denuncias contra Uruguay por su participación en lavado de activos en los últimos años han sido por operaciones fuera de fronteras, que ubicaron al país como corredor. Los capitales ilegítimos evitan enfrentar la segunda barrera impuesta por la Ley de Inclusión Financiera.

La tercera barrera, instalada a partir de la creación de la Secretaría Nacional para la Lucha contra el Lavado de Activos y el Financiamiento del Terrorismo, implica seguir el dinero. Si es superada la segunda barrera —bancarizar el dinero sucio— el seguimiento de los medios de pago, titulares de cuenta y operaciones realizadas permite encender las alertas para detectar los ilícitos. Este es el verdadero punto importante en la lucha contra el lavado que tiene la limitación del uso de efectivo: el rastreo de la pista del dinero.

Si seguimos con el ejemplo de nuestro «amigo» argentino, hoy, con la ley vigente, este debería realizar más de veinte operaciones comerciales para evitar pasar por el sistema financiero. Luego  tendría que transformarlas en pagos legales para ingresarlos en dos o tres cuentas del sistema financiero, y así no levantar sospechas. Un costoso camino que haría poco rentable la evasión impositiva, pero que es aceptable para las actividades ilícitas de mayor importancia.

Los cambios propuestos en el borrador de la ley de urgente consideración eliminan la segunda y tercera barrera de lucha contra el lavado de activos. Las posibilidades que brindan las operaciones en efectivo desmantelan el seguimiento del dinero y eliminan los controles de su origen que debe realizar el sistema financiero. 

Nuestro «amigo» tendría un amplio espectro de operaciones para realizar. Estas le permitirían, sin grandes costos, lograr juntar su capital en el sistema financiero para luego operar legalmente. Podría comprar ganado en efectivo y luego venderlo a un frigorífico, y con una factura oficial ingresarlo al sistema. Invertir en ladrillo —a través de algún fondo de inversión o con la adquisición de inmuebles— para, en dos o tres operaciones, legalizar su capital. Y existen  muchas más opciones que la creatividad de los profesionales en la materia pueden proponerle.

Cuando algunas asociaciones empresariales y profesionales proponen eliminar las barreras de control, están abriendo la puerta para que nuestro país recupere el lamentable posicionamiento de centro de lavado de activos. Afirmar que perdemos inversiones con estos controles es real. La pregunta es qué tipo de inversiones se quiere traer. Afirmar que dineros legítimamente generados quedan imposibilitados de ser utilizados por no estar bancarizados es tan cierto como poco serio, dado que los recursos legítimos no tienen límites para ingresar al sistema financiero.

Las leyes y regulaciones siempre implican cierta limitación a la actividad humana, en función de bienes mayores. Por ejemplo, la cristalinidad en los negocios, la generación de certezas en los contratos  y la persecución de la actividad delictiva pueden ser considerados fines a incluir en las relaciones de mercado. Entre ellas podemos inscribir la intervención de escribanos en las transacciones entre particulares, la firma de un arquitecto en una regularización de propiedades o los controles sobre los dineros que circulan en la economía.

Seguramente algunos considerarán que todas ellas son prácticas limitantes, que burocratizan o desestimulan los negocios. Nosotros preferimos defender la calidad de las operaciones en el mercado, la lucha contra el capital ilegítimo y el prestigio del Uruguay.