Unidos en torno a la democracia

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Unidos en torno a la democracia

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Si se analiza el comportamiento de los electores el 24 de noviembre, se comprueba que buena parte de ellos actuaron como dueños de sus votos, con independencia de los líderes políticos. 

EDITORIAL

Desde diversas perspectivas se imprime la idea de que Uruguay quedó dividido al medio. Y es cierto desde la expresión numérica del resultado electoral, en el que ninguna de las opciones alcanzó la mitad más uno del electorado y porque los votos en blanco o anulados fueron más que la diferencia entre los contendientes. Por ello la paridad presentada estimula a pensar un país partido en mitades.

Pero el dato cuantitativo surgido de las urnas no merece sostenerse con superficialidad, como intentan algunos sectores políticos y medios de comunicación, asimilándolo a una «grieta» en la sociedad, en el persistente esfuerzo por asimilar e importar los rasgos más primitivos y disfuncionales del país vecino. Porque más allá de que el escenario de balotaje ofreció una paridad objetiva, la movilidad alcanzada en el electorado y la opción de importantes sectores de ciudadanos a hacer caso omiso a las convocatorias de sus líderes políticos, demuestran que el espectro de posiciones en la ciudadanía no refleja cortes abruptos, sino una amplia gama de visiones que nos enriquecen como sociedad.

Asimismo, nuestro país demostró nuevamente en esta instancia que existen mayorías absolutas claramente definidas; mayorías que unen a la inmensa masa del pueblo uruguayo. Y la más evidente de todas es en torno al valor trascendente que le otorgamos a la democracia como mecanismo para resolver nuestro destino. Democracia sustentada en el respeto de la diferencia, en la capacidad de tolerancia a la diversidad de opiniones y estilos y en el pleno reconocimiento a las garantías y transparencia de nuestro sistema electoral. Somos la inmensa mayoría de los uruguayos los que defendemos y reafirmamos nuestra adhesión al sistema democrático.

Por supuesto que existe una minoría, tan pequeña como peligrosa. Minorías que agitan fantasmas de fraude si los resultados no son los que aspiran. Minorías que promueven el enfrentamiento, el agravio y la falta de respeto al que piensa diferente. Y aún más peligrosas son las minorías totalitarias, que hoy alcanzan representación parlamentaria y aspiran a cargos ejecutivos, utilizando los derechos que la democracia otorga, mientras reivindican su pasado dictatorial. Minorías que intentan mantener viva la persecución ideológica y la muerte como acción de imposición de sus intereses.

A esas minorías es a las que el pueblo mostró con meridiana claridad que elije otro rumbo. Es a esa expresión totalitaria que nuestro movimiento sindical rechazó en forma inmediata y tajante, a la vez que exhortó al conjunto de las fuerzas democráticas y patrióticas a manifestarse en forma contundente ante estos pronunciamientos desviados del orden democrático. En esa misma medida, resulta una debilitante señal republicana el silencio de los más encumbrados candidatos y dirigentes políticos, quienes evitaron catalogar y rechazar claramente el discurso que promueve el enfrentamiento de la sociedad y el menoscabo a la democracia.

La inmensa mayoría del pueblo fue concluyente en su expresión electoral, que a favor de las más ricas tradiciones del país continúa como ejemplo internacional, tanto en su comportamiento cívico como en su clima de respeto y tolerancia. Como sociedad, volvimos a reafirmarnos en nuestro compromiso con las libertades y la democracia. Pero también somos conscientes de que no podemos dejar librada su defensa a espaciados eventos electorales.

La defensa de la democracia, la Constitución, la libertad y los derechos humanos deben ser asumidos como tarea constante. Un compromiso que la ciudadanía en general —y los trabajadores en particular— hemos mantenido como prioridad fundamental y por el cual deberemos seguir realizando los máximos esfuerzos.