El efecto dominó y cómo evitarlo

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El efecto dominó y cómo evitarlo

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Ya próximos a un momento de definición trascendente para la vida del país, es oportuno, desde la perspectiva de los trabajadores, ofrecer algunas reflexiones sobre lo cruciales y determinantes que pueden resultar algunos de los caminos planteados.

EDITORIAL

En un tiempo donde el debate político se hace cada vez más simplista, plagado de consignas y anuncios aislados, el intento de reflexión debe buscar echar luz sobre los complejos procesos que se avizoran.

Por eso hoy, centrándonos en los aspectos vinculados al mundo del trabajo, analizamos algunas iniciativas planteadas que pueden sonar interesantes a primera vista, pero que llevadas a la práctica nos ponen frente a un escenario complejo: el de un verdadero efecto dominó.

El regreso del Estado a una posición neutral, o volcada hacia los intereses empresariales en materia de relaciones laborales, implicará un escenario sometido al juego de la correlación de fuerzas entre los actores.

Un primer efecto será que aquellos de mayor capacidad de organización y movilización se verán exigidos a profundizar su acción para mantener las condiciones de vida alcanzadas. Simultáneamente, los sectores con estructura de empleo más débil o condiciones de dependencia y capacidad de organización más limitada estarán sometidos a pérdidas de beneficios, libertades y expectativas.

La segunda ficha de dominó que se moverá —de acuerdo a lo anunciado como acuerdo multicolor— es la reducción de decenas de miles de puestos de trabajo en el sector público, ya sea por la vía de eliminación de contratos como por la no reposición de vacantes. Ello provocará una caída importante en la oferta de empleo. Y particularmente, como producto de los avances alcanzados por los trabajadores públicos durante los últimos años, la caída de empleos en este sector será cualitativamente superior a la de sus equivalentes en el sector privado. 

Frente a esta contracción, las leyes del mercado —tan veneradas por algunos— provocarán una adecuación a la baja de la oferta de empleo del sector privado, tanto en materia de salario como de condiciones de trabajo.

Esto lleva a mover la tercera ficha de este dominó: el anuncio, sin contenido aún, de la reforma de la seguridad social. Todas las orientaciones planteadas apuntan a un enfoque economicista de la protección social, basado en corregir lo que consideran un déficit, sin reparar en las nuevas funciones que deberá cumplir ante el proceso de transformación del mundo del trabajo. Y ese plan de reducción del déficit, ya sea por la vía directa o indirecta, culmina con una disminución en las prestaciones y una prolongación de la vida laboral del trabajador. Otra pieza del dominó que cae sobre el empleo.

La prolongación de la vida laboral pondrá en juego dos variables. Por un lado una menor oferta de trabajo en los sectores de empleo más estable y consolidado. Por el otro, la creación de una nueva categoría de desempleo abarcadora de los trabajadores de edad avanzada, que no son competitivos en los segmentos más dinámicos y con contratos laborales más débiles.  Ambos escenarios amplificarán el impacto sobre la calidad y el costo del empleo.

Sumando los movimientos planteados, afrontaremos un escenario de fuerte presión sobre el empleo, el salario y las condiciones de trabajo. Se trata de un escenario que no solo afectará a los trabajadores sino que también, como resultado de la tendencia a la baja del salario, indefectiblemente se reducirá el índice medio de salarios, determinante para la evolución de las jubilaciones y pensiones. Indudablemente, la evolución de los ingresos de jubilados y pensionistas por debajo de la inflación es un efecto buscado como variable de ajuste del déficit de la seguridad social.

Seguramente, si seguimos agregando fichas a este dominó, como son la reducción sustancial del presupuesto del Estado, las medidas de respaldo a los sectores empresariales, las propuestas de gravar a los salarios más bajos con IRPF, entre otras, veremos cómo se multiplican los impactos negativos sobre los más amplios sectores de la población.

Al entender que estamos en un momento crucial para el futuro del país y su gente, cuando podemos estar tomando el camino más riesgoso para la calidad de vida de la inmensa mayoría del pueblo, es que asumimos la responsabilidad de convocar a todos los ciudadanos a reflexionar en profundidad, sobre las implicancias de las decisiones que afrontamos.

Como trabajadores, debemos alertar y prepararnos para enfrentar un escenario sumamente complejo. Y muy especialmente, como organización sindical, reafirmar el compromiso con los más vulnerables, los trabajadores expuestos a la arbitrariedad y la persecución, los más débiles en organización y condiciones de defender sus derechos.

La decisión de la ciudadanía establecerá cuán favorables o desfavorables serán las condiciones en que nos encontraremos los próximos años. Sin embargo, nuestro desafío será el mismo: el de continuar construyendo organización entre los trabajadores. Continuar defendiendo derechos. Continuar profundizando el debate en torno a los problemas del país. Continuar impulsando las mejores condiciones de vida para los más humildes. Continuar promoviendo la solidaridad y la unidad en el seno de nuestro pueblo.