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Volver a nacer

Jue 30/06/2016 - 12:46 por Editores

Victoria Montenegro | Foto: RadioCUT
Victoria Montenegro | Foto: RadioCUT

«Se acabó el miedo. El miedo se fue con María Sol. Yo soy Victoria» así lo expresó el 23 de mayo de 2012, en conferencia de prensa, cuando las Abuelas de Plaza de Mayo y el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) comunicaron la identificación de los restos de Roque Orlando Montenegro, su padre, uno de los siete cuerpos hallados en Colonia del Sacramento en 1976.

Apropiada a trece días de su nacimiento por el coronel del Ejército Argentino, Hernán Tetzlaff —quien había sido jefe de Inteligencia del centro clandestino de detención El Vesubio—, Victoria perdió entonces su identidad.

Seis meses después Tetzlaff —el asesino de sus padres— y su esposa Carmen Eduartes, la adoptaron de forma ilegal y la llamaron María Sol. Le dijeron que era su hija natural y que había nacido el 28 de mayo de 1976 en Boulogne, San Isidro. La verdad era que sus padres, Roque Orlando Montenegro e Hilda Ramona Torres, dos militantes salteños, la llamaron Hilda Victoria el día de su nacimiento, el 31 de enero de 1976. 

Pero la búsqueda de su verdad fue larga y evitada por ella misma en un principio. En 1984 las abuelas recibieron información de que un coronel podría haberse apropiado de un hijo de desaparecidos, pero recién en 1988 iniciaron una acción legal, cuyas pruebas hematológicas arrojaron un resultado de 99,96 % de parentesco con los grupos de las familias Montenegro-Torres, pero no fue hasta el año 2000 que Victoria las aceptó. Al principio se negaba a reconocer que no era hija de Tetzlaff y Eduartes. 

«Es un proceso y a mí me tocó transitarlo desde la resistencia. Pensaba, porque así me había sido transmitido, que estas historias hay que dejarlas en el pasado, que no hay que volver atrás, sino avanzar, y hoy creo que no hay forma más firme de avanzar que la que uno tiene para hacerse cargo de la historia».

«Yo hice todo lo posible para que nunca me encontraran y sin embargo hoy no me imagino la vida no siendo Victoria» —afirmó— mientras reflexionó: «Si no hubiera sido por las Madres y Abuelas que lucharon para que haya memoria, verdad y justicia, yo no podría haber conocido mi nombre y mi historia y —a partir de eso— reconstruir mi verdadera identidad». 

La búsqueda del respaldo

Ante la escasez de recursos y la necesidad vital de llevar la búsqueda de la verdad adelante, las Abuelas de Plaza de Mayo solicitaron en julio de 1992 la creación de una comisión técnica especializada, destinada a impulsar la búsqueda y localización de niños desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar. Fue así que se creó la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, institución clave en la aparición de Victoria, junto al Banco Nacional de Datos Genéticos, que era obligado por ley a dar la información. 

Sin embargo, no fue hasta 2003 que las Abuelas de Plaza de Mayo encontraron un verdadero respaldo en el Estado. Victoria recuerda a Néstor Kirchner como «una bisagra que permite reconstruir la nación: Fue la primera vez que el Estado se hizo cargo de la historia, mientras se gestaba en paralelo una nueva generación que consideraba que valía la pena y era necesario comprometerse con su país».

Cristina Férnandez, esposa de Kirchner y su sucesora como mandataria de la Nación, continuó por el mismo camino, pero el último 10 de diciembre la nueva fuerza política, elegida por el pueblo, cambió el rumbo de las políticas de derechos humanos que se habían logrado institucionalizar.

Preocupaciones de hoy

«El cambio no está siendo positivo hasta ahora», expresó Victoria, al ser consultada por los impactos del cambio de gobierno. Consideró que el principal impedimento a la búsqueda de la verdad al día de hoy es la reivindicación de la teoría de los dos demonios, según la cual los actos de violencia y terrorismo perpetrados por las Fuerzas Armadas durante el terrorismo de Estado son de algún modo comparables a los actos de violencia de las organizaciones guerrilleras.

«Se tardó muchísimos años para que la sociedad conozca lo que pasaba dentro de los centros clandestinos, para entender que no hubo una guerra, sino gente a la que secuestraron, sacaron de sus hogares, torturaron y después desaparecieron, en muchos casos robándoles a sus bebés y hoy tenemos un presidente [Mauricio Macri] que dijo antes de las elecciones —aunque después se desdijo— que para él los derechos humanos son un curro», afirmó. 

Aún así, valora que la Justicia esté empezando a investigar —y en muchos casos a comprobar— lo que fue la complicidad civil en la dictadura militar. El expropietario de La Veloz del Norte, Marcos Levín, fue el primer empresario en el país condenado por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar. El pasado 28 de marzo el Tribunal Oral Federal de Salta lo condenó a 12 años de prisión por considerarlo partícipe necesario de los delitos de privación ilegítima de la libertad e imposición de tormentos, en contra de un extrabajador y gremialista de su empresa

Otro es Vicente Massot, empresario multimediático dueño del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, aún no condenado pero sí acusado por delitos de lesa humanidad, por la complicidad y la desaparición de muchos de sus trabajadores.

Cambios en la forma pero no en la intención

A principios de mayo, el gobierno de Macri decidió disolver el Grupo Especializado de Asistencia Judicial (GEAJ) creado para colaborar con la extracción de muestras de ADN por vía judicial. Esa área permitió identificar a muchísimos nietos que no querían sacarse sangre —por la presión de sus vínculos con sus apropiadores— pero el Estado tenía la obligación de encontrar, una negación que resuena con la historia de Victoria.

Esta decisión del gobierno, «si bien respetuosa de la democracia», es para Victoria «un paso atrás en el respeto por los derechos humanos y las instituciones». «Hoy ya no se necesitan tanques y botas, hoy se somete de otra manera, entonces si no entendemos y no hacemos ese ejercicio histórico de memoria permanente, corremos el riesgo de que el terrorismo de Estado vuelva a pasar», afirmó. 

«Nos vendieron que América Latina jamás podría despertarse a sí misma; entonces es necesario que los países se unan en busca de la verdad», sostuvo. «Poder encontrar a sus desaparecidos, ponerle nombre a sus urnas, y contar por qué los hicieron desaparecer; cuál era su lucha y cuáles eran sus sueños, y cuáles fueron las consecuencias. Que la sociedad pueda llamar las cosas por su nombre, por más doloroso que sea». 

Para Victoria, «la verdad no tendría que ser una opción en la vida» ya que «sin ella, todo es una incógnita, y eso no le sirve a nadie: ni a uno mismo ni a la sociedad».

Ahora, quizás más que nunca, Victoria llama a la acción. «Yo estuve apropiada 25 años de mi vida y esos años no me los va a devolver nadie, ninguna sentencia. Lo que sí va a asegurar el que haya justicia es que las próximas generaciones no tengan que pasar por esto que nos pasó a nosotros».
 

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