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Se impone reglamentar la Uberbanca

Mié 27/04/2016 - 17:04 por Editores

Nicolás Lussich  (NL) — Han llegado a nuestro país plataformas que pretenden conectar tomadores y oferentes de crédito. Los colegas de El País el fin de semana informaron que en un documento de AEBU en el que se plantea este punto se manifiestan algunas preocupaciones, por ejemplo el hecho de que el ahorrista que presta sus fondos está claramente expuesto al riesgo del crédito porque no tiene la misma regulación que el sistema financiero. Vamos a recibir con mucho gusto a Fernando Gambera, dirigente de AEBU y del PIT-CNT. Gambera, buen día.

Fernando Gambera  (FG) —  Buen día para ti y para todos los oyentes.

NL — ¿Cómo ves esta plataforma o este tipo de plataformas? Porque son varias. Estábamos escuchando a la gente de Inversionate, pero hay otras empresas, ¿verdad? ¿Cómo lo ven los trabajadores del sector financiero?

FG — En primer lugar no es un hecho nuevo para nosotros. La aplicación de tecnología en nuestro sector tiene más de una década —diría casi dos— en un avance tecnológico que es un hecho de la realidad y de alguna manera hemos venido navegando en ella. Incluso aplicaciones de este tipo hace rato en Uruguay que tienen su propio banco, en donde de alguna manera el usuario tiene la facilidad de no tener que concurrir a sus oficinas y puede operar a través de lo que el banco le ofrece para manejar sus cuentas, y sus operativas desde el celular y por otros medios a distancia. Esto en primer lugar.

Después en cuanto a lo que es legal y lo que no lo es, nosotros a este respecto lo que hicimos fue poner sobre la mesa de trabajo de la autoridad competente en el sistema, que es el Banco Central, nuestra evaluación. Pero siempre el margen entre lo legal y lo ilegal es difuso, en tanto no se pongan normas claras y se regule. En realidad, todavía en estos días hay una discusión de hasta dónde era legal o ilegal toda esta operativa de los Panamá Papers, y —-sin embargo— parece que por el lado de la evasión hay un problema, ¿no?

Entonces, lo que nosotros hacemos es poner nuestra preocupación sobre la mesa, para saber cuál es la regulación adecuada para este tipo de operativa, si está regulada, si será parte del sistema. Desde ese punto de vista no hay objeciones  de parte nuestra, pero sí planteamos nuestra preocupación.

Ello fue a partir de que el Gobierno anunció que está estudiando una ley regulatoria de toda la operativa de este tipo de nuevas aplicaciones, sean para la actividad que sea. Quisimos dejar nuestra preocupación planteada sobre que, en una actividad altamente sensible como lo es el sistema financiero, hay una aplicación o una nueva operativa que debe ser regulada en el sentido legal, pero también en algunas cuestiones que se le exigen hoy a la actividad financiera tradicional.

Por ejemplo, a cualquier institución financiera se le pone determinada exigencia en el estudio del crédito. Lo sabemos —por el aprendizaje que tenemos desde la crisis de 2002 para acá— que si un banco decide prestar a determinado cliente o agente que tiene cierto marco de riesgo, debe hacerlo con su patrimonio y no con el dinero de terceros.

NL — Ahora déjeme ir un paso atrás, Gambera. El proyecto de ley de aplicaciones financieras que está en el Parlamento —enviado por el Ejecutivo y conocido como la Ley Uber, porque fue sin duda lo que lo motivó, el disparador— usted dice que también debería abarcar estas cuestiones de nivel financiero.

FG —  Sí, porque en primer lugar esta normativa debería establecer quién es la autoridad competente en el control de toda esa actividad. Me parece que debería ser el Banco Central en tanto que es la autoridad del sistema financiero y de la actividad financiera en el Uruguay. Debería controlar de qué manera y cómo se va a documentar y controlar el dinero que circule en esa actividad, porque esa parte que nosotros sepamos y conozcamos no está prevista, por tanto puede ser un instrumento para el lavado ¿no?

NL — Ahora, Germán Ayala, de Inversionate, decía que eso está previsto, que hay controles, y que además los montos son pequeños y que hay un límite en la cantidad de dinero que coloca una persona, de manera que la posibilidad de lavado en grandes sumas por lo menos queda limitada.

FG —  Bueno, hay algo más viejo que yo y que lo repetían los abuelos: «Dónde está la ley, está la trampa». Yo creo que, en ese caso, tampoco los bancos necesitarían tener determinadas normas anti lavado, ¿no?. Y, sin embargo, la cifra a partir de la que se exige documentar el origen del dinero, cómo se obtuvo y demás, que usted se va a encontrar en cualquier institución financiera, cualquiera que me esté escuchando sabe que es muy menor. No sé si ahora se actualizó, pero anda entre los US$ 4.000 o US$ 5000.

Con cualquier monto menor, correspondiente a la transacción de un vehículo o algo por el estilo, si usted va al banco a colocarlo, ahí le van a pedir adicionar toda una documentación en donde tiene que dejar debidamente claro el origen del dinero. Por lo tanto, yo supongo que quienes ponen determinadas reglas en la actividad del sistema financiero —y en particular en lo que tiene que ver con el lavado de dinero y no solo el proveniente de la actividad de narcotráfico, que es lo que siempre nos viene a la mente en estos casos— lo deben tener debidamente estudiado. Por algo están esas exigencias.

Yo no digo que el instrumento sea malo en sí mismo, lo que digo es que las reglamentaciones tienen que abarcar a toda la actividad de finanzas en función de determinadas seguridades. Por un lado el origen del dinero, por otro lado la seguridad de quienes inviertan en esta modalidad, por más que estén diversificados. También en un banco, como una institución financiera clásica, las colocaciones se diversifican y de esta manera se disminuyen los riesgos, pero aclaro que eso también está controlado, reglamentado y seguido por el Banco Central.

Y esta preocupación fue planteada al Banco Central, compartida con las instituciones financieras que actúan en plaza e incluso por la Bolsa de Valores. Lo que yo creo es que tal vez, después, todos estos actores terminen usando herramientas de este tipo, y eso será parte de la realidad y del futuro. Pero lo que tenemos que hacer —sobre todo— es tomar el aprendizaje de lo que significó el 2002 para la región, para nuestro país, y lo que ha seguido sucediendo después.

Todas las crisis financieras tienen un punto de partida, que es la falta de regulación y de controles. Y en Uruguay, en un pasado reciente, lo tenemos más que marcado a fuego, ¿no?

NL —  Sí, ni hablar.

FG —  Efectivamente yo no estoy demonizando nada; simplemente lo que nosotros queremos decir es: Muy bien, esto llegó para quedarse; en realidad es parte del avance tecnológico que, como decía al principio, se viene configurando desde hace mucho tiempo. Ahora, vacunémonos y tengamos los cuidados necesarios. Porque creo que, además, hay experticia y capacidad suficientes de la autoridad del sistema financiero, que es el Banco Central, para controlar estas cosas. Lo que hay que hacer es darle el marco regulatorio y las herramientas correspondientes para que en lo posible estas cosas estén previstas. A veces no todo es predecible o digamos siempre existe un marco perfectible que tiene que darse con la práctica.

Es esta la preocupación que estamos poniendo sobre la mesa y queremos dar ese debate lo más abiertamente posible, porque creo que es la mejor vacuna, además.

NL — Claro, ahora detrás de esa preocupación por la regulación, ¿no hay una preocupación por los puestos de trabajo?

FG —  Negar la preocupación por los puestos de trabajo en el caso de un sindicato sería negar nuestra razón de ser. Obviamente que esa preocupación, en el caso de un sindicato, está siempre. Pero no es una novedad, ni esa preocupación nace a partir de que estas aplicaciones se colocan en plaza, porque tenemos todo un proceso de sustitución de tecnología por mano de obra que viene desde hace dos décadas.

Incluso, en la última etapa de alguna manera he visto un avance y un cambio en el sistema, basado en la tecnología que se genera a partir de una nueva normativa del Banco Central desde ya hace un año y pico; allí se crean figuras a las que se ha dado en llamar corresponsalías. En la práctica —y dicho en términos corrientes— permiten que cualquier supermercado o cualquier negocio que así lo quiera puede ser corresponsal de un banco y, por tanto, un usuario va a poder operar desde la caja de un supermercado o desde cualquier boca de entrada al sistema que le quede a mano y que esté a la vuelta de su casa.

Esto sin duda es un cambio que no sé si elimina mano de obra, pero seguramente sustituye mano de obra en el sistema financiero por mano de obra que está en otras ramas de actividad. Esto para el sindicato significa un desafío que de alguna manera nos hemos ido planteando en nuestras resoluciones en los últimos años. Me refiero a la necesidad de organizar al resto del sistema financiero, ya sea en las colaterales de los bancos o generando una nueva forma de organización en la que deberíamos ir hacia una confederación de los servicios, juntando sindicatos como Fuecys y AEBU.

NL — Quién iba a decir que se tiene que juntar la gente del comercio con los bancarios, ¿no? (Risas).

FG —  Lo digo porque obviamente venimos adaptando nuestras estrategias a la nueva realidad que imponen la nueva forma de trabajo y las nuevas organizaciones de trabajo. Sería no solo de necios sino también falso no reconocer que para un sindicato esto es un marco de preocupación. Pero no es desde este punto de vista que hemos planteado el tema a las autoridades y a las instituciones financieras: lo hemos planteado primero que nada desde la responsabilidad que implica la actividad en la que nos toca trabajar, y la sensibilidad que tiene, en tanto se apoya en una base fundamental como es la confianza. Y ya aprendimos que la confianza es un hilo infinito que se corta rápidamente, y después cuesta mucho tiempo recuperar.

Yo no niego ni dejo de reconocer que en el fondo hay una preocupación por nuestro trabajo, pero no es este el problema principal que queremos plantear en este momento. El otro lo vamos a ir acompasando al tiempo que nos toque vivir, lo que decimos siempre desde hace muchos años.

NL — Fernando Gambera, dirigente de AEBU - PIT-CNT. Gracias y seguimos en contacto.

FG — A la orden y gracias a ustedes.

 

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