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La casa de los jóvenes

Vie 21/10/2016 - 17:04 por Editores

Carlos Bucarey rodeado jóvenes estudiantes del Hogar Estudiantil | Foto: Ricardo Antúnez / adhocFotos
Profesor Carlos Bucarey rodeado jóvenes estudiantes del Hogar Estudiantil | Foto: Ricardo Antúnez / adhocFotos

Camacuá y Reconquista (C&R) —Hoy vamos a estar conociendo de cerca el Hogar Estudiantil de AEBU, de la mano de su director, Carlos Bucarey. Para eso me gustaría empezar por los orígenes. ¿Cómo surgió?

Carlos Bucarey (CB) —El hogar surge como un proyecto para hijos y nietos de afiliados al sindicato que residen en el interior del país en el año 1973, por lo que ya tiene 43 años de existencia. Los primeros años de vida estuvo en la sede de AEBU, en Camacuá 575, y después fue pasando por distintas etapas organizativas y lugares hasta el día de hoy, cuando estamos en San Salvador casi Salterain: San Salvador 2084. 

C&R —En tu caso, ¿cómo llegaste a integrarlo? ¿Ya eras parte de AEBU?

CB — Sí. Yo soy profesor de Educación Física y hace casi 20 años que trabajo en AEBU. Ingresé por el Sector Deportivo y concursé para ocupar este lugar de trabajo, como encargado del Hogar Estudiantil, rol que desempeño desde hace seis años.

C&R —¿Qué responsabilidades implica este cargo, ser el director del hogar?

CB —Fundamentalmente estar a cargo de la vida que se desarrolla en la casa. El hogar alberga a 34 jóvenes en una media de 21 años de edad, todos chiquilines del Interior y haciendo estudios terciarios, por tanto el principal desafío son los procesos de integración, tanto entre ellos, así como con Montevideo —que muchos de ellos no conocen cuando llegan— y con el sistema educativo universitario. 

C&R —En cuanto a la casa, ¿qué características tiene? 

CB —Es una casa grande, nosotros de hecho le decimos “la casa grande”. Tiene tres plantas y un patio muy lindo. En la planta baja hay un cuarto, un baño, una sala de recreación y dos salas de estudio; también mi oficina y la parte del abastecimiento. En la planta media tenemos la cocina, el comedor, el living, dos cuartos grandes y dos baños, y en la tercera planta hay cinco cuartos y dos baños más. Entre los dormitorios, tenemos distintas opciones de capacidad: hay para dos, cuatro y seis personas. También contamos con un sistema bastante potente de internet que habilita conexión wi-fi en toda la casa, de manera de cubrir la demanda de todos los chiquilines. Si bien hay lugar para 34, hoy en día contamos con 28 estudiantes residentes. 

C&R —Más allá de esta infraestructura, ¿qué tipo de cosas o acompañamiento se hace con estos jóvenes?

CB —Tenemos un vínculo fuerte con el Club Deportivo de AEBU, ya que como colectivo tenemos espacios para hacer actividades didácticas-deportivas del Hogar Estudiantil y además, si alguno de los chicos quiere practicar algún deporte de manera individual, tiene un beneficio muy importante en la cuota. Por otro lado, contamos un convenio muy interesante con un Programa de Respaldo al Aprendizaje (Progresa) de la Universidad de la República, que tiene como objetivo ayudar a los estudiantes que vienen desde Interior en el proceso de adaptación, y trabajan con todo lo que tiene que ver con la inserción en Montevideo, técnicas de estudio y orientación vocacional, entre otros.

C&R —¿Cómo es el proceso para aspirar a integrar el hogar?

CB —Este año abrimos las inscripciones el 14 de noviembre con plazo hasta el 12 de diciembre. Lo que pedimos es que el compañero que va a postular a su hijo o nieto presente un formulario —que está disponible en la página web de AEBU— y la documentación solicitada impresa en su seccional departamental, que el responsable de esta luego nos la enviará junto con un aval para que podamos realizar las necesarias comprobaciones. El hogar funciona con un sistema de cogestión integrado por delegados del sindicato, de padres del hogar y de estudiantes, y en el caso de los ingresos es la Comisión Permanente del Hogar Estudiantil la que configura cada nueva generación según las solicitudes, tanto de ingreso como de renovación. Si hubiera mayor demanda a la oferta prevista, lo que hace es ordenar los estudiantes por escolaridad conformando así una lista de espera.

C&R —¿Por cuánto tiempo pueden estar los estudiantes alojados en el hogar?
 
CB —Si bien hay casos excepcionales, lo ideal son dos años, porque el objetivo del hogar es funcionar como medio de inserción para los muchachos que llegan a Montevideo. 

C&R —No te quiero matar con la pregunta, pero me mata la curiosidad. ¿Tenés alguna estadística de los estudiantes que están ahí? Por ejemplo, de género, si hay más hombres o mujeres, de qué departamentos hay más.

CB —Así de memoria, sé que este año hay un poco más de mujeres que de varones, dos más para ser precisos. Hace un tiempo ha sido esa la dinámica, es un hogar mixto. En cuanto a los orígenes, de donde más vienen es de Mercedes, Rocha y San José. 

C&R —¿Hay una idea de qué es lo que vienen a estudiar? ¿Hay alguna prevalencia?

CB —Sí, desde que nos trasladamos al hogar en San Salvador, se marca más una tendencia a la Facultad de Ciencias Económicas porque estamos a tres cuadras. Ahora hay ocho chiquilines estudiantes de esa facultad. También tenemos de arquitectura y de ingeniería, porque también están en la zona, entonces quienes vienen a estudiar esas carreras no tienen que usar ómnibus, van caminando y eso facilita.

C&R —Proyectando a futuro, ¿qué objetivos te planteas y se plantea el hogar?

CB —Nuestra idea es poder resolver —y ha sido así históricamente— a los compañeros del Iinterior esta situación compleja, de chicos de 18 años que muchas veces no han salido nunca de las ciudades donde nacieron y tienen que mudarse a otro departamento. Ese es nuestro gran objetivo, eso es lo que nos seguimos planteando: brindar un espacio donde ellos estén contenidos y contentos y puedan lograr lo que se han planteado individual y familiarmente, que es avanzar en sus carreras. 

C&R —¿Cómo afectó la descentralización de los servicios educativos a las postulaciones del hogar?

CB —Hay una demanda que ha disminuido. No tanto en los últimos años porque después se ha estabilizado, pero hubo una época —cinco o seis años atrás— cuando sí se percibió que la universidad empezó a tener facultades en distintas partes, en Paysandú, en Rivera. Eso hace que los chiquilines vengan menos siendo tan jóvenes, porque no todas las universidades terminan la carrera allá; entonces empiezan a solicitarlo en un momento más avanzado.

C&R —Teniendo en cuenta que es una casa donde habitan 30 jóvenes totalmente distintos, religión, pensamientos, ideas, procedencias. ¿Cómo es la convivencia? ¿En tu experiencia te ha tocado lidiar con temas de comportamiento o cosas así?

CB —Sí, el tema de la convivencia está entregado a lo que le llamamos la autorregulación. También tenemos un mecanismo que está establecido reglamentariamente, muy semejante a la de un sindicato. Ellos tienen asambleas periódicas organizadas por los delegados de la Comisión Permanente —que son elegidos por sus compañeros— y en estas se trabaja fundamentalmente todos los temas de convivencia que van surgiendo, por lo que los temas domésticos los resuelven en ese espacio entre ellos. Además de eso, a mediados y al final de año se realizan los informes de convivencia, una instancia que tiene dos etapas: en la primera, ellos colocan nota a cada uno de sus compañeros sobre distintos aspectos de la convivencia, al tiempo que también reciben sus propias calificaciones en esos aspectos. Luego estos resultados se promedian y se procesan en conjunto, en jornadas maratónicas de ocho o diez horas; una experiencia impresionante, muy rica. Problemáticas siempre van a surgir, es natural, pero lo interesante es como ellos mismos se encargan de resolverlas. 

C&R —Cómo se da esta articulación que puede ser incluso nueva para los compañeros afiliados del interior, esta articulación con padres y madres que además seguramente en otras instituciones no les toque participar tanto.

CB —También es muy especial y también es parte del sistema que está contemplado en esta reglamentación. Los padres también tienen asambleas: asambleas de padres del hogar. Se los convoca a una asamblea ordinaria obligatoria a comienzos de año, donde se presenta un informe de la situación del hogar, la configuración de la nueva generación y otros temas que surjan, y también eligen a sus delegados en la Comisión Permanente. También, posteriormente, se pueden llegar a hacer asambleas extraordinarias, en caso de que sean necesarias. Se va conversando con los padres, se los va integrando y ellos van dando sus opiniones de cómo va funcionando la casa, porque ellos tienen su visión también a partir de lo que le trasmiten sus hijos, más allá de que pueden venir cuando quieran. Todo esto es muy dinámico y muy rico.

C&R —¿Cómo se compone el personal del hogar?

CB —Somos dos adultos trabajando en el hogar. De noche el sereno, Miguel Papa, y de día estoy yo, que soy el encargado. La limpieza del hogar está a cargo de los chiquilines; hay brigadas con un delegado a cargo de un subgrupo, que se hace cargo de la limpieza de una zona de la casa por un tiempo determinado y van rotando por todas las demás. Por otro lado, lo que tiene que ver con mantenimiento se encargan los compañeros de Mantenimiento de AEBU central; la parte administrativa también es de AEBU central, consejería y esas cosas se manejan desde ahí.

C&R —Para cerrar, recomendamos entonces a los interesados ir vichando la página de AEBU, aebu.org.uy, en el sector de Servicios está el sitio del Hogar Estudiantil, que tiene información al respecto.

CB —Justamente, ahí está el formulario, una galería de fotos muy linda y hay un video que hicimos el año pasado en el que los chiquilines explican el funcionamiento del hogar. Ellos van explicando cómo funciona la asamblea, el grupo de limpieza, cómo se organizan. También dejamos un correo electrónico por si surge alguna consulta:  hogar.estudiantil@aebu.org.uy

C&R —Muy bien, queda hecho. Muchas gracias, Carlos, por estar hoy con nosotros.

CB —Muchas gracias a ustedes.

Entrevista de Irene Rügnitz

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