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«Una pieza del patrimonio nacional»

Mar 01/12/2015 - 18:47 por Editores

Foto: Ricardo Antúnez / adhocFotos
Foto: Ricardo Antúnez / adhocFotos

TNU — El 6 de diciembre se va a reinaugurar la Sala Camacuá de AEBU. Allí conversamos con los responsables de su puesta a punto para encarar una nueva etapa artística.
 
MARTÍN ERNIAGA — La sala forma parte original del edificio de AEBU —un proyecto del arquitecto  Rafael Lorente de 1962— y fue inaugurada en 1968.
 
El local fue concebido como sede del sindicato de los trabajadores bancarios y contaba con ese  espacio destinado al espectáculo. En sí mismo tiene algunas particularidades: desde el punto de vista arquitectónico es como un instrumento musical gracias a la intervención de Conrado Silva, quien fue nuestro asesor en acústica (y luego también apoyó al Sodre en el acondicionamiento sonoro de la Adela Reta).
 
La sala tiene un revestimiento de madera de cedro (para controlar los rebotes de sonido), una forma abocinada, y el escenario avanza levemente sobre la platea. Las butacas cuentan con respaldo de cedro, para cumplir también con una función acústica.
 
Su vida fue un tanto particular, porque 1968 —cuando se inaugura— y 1969 son años muy efervescentes en la historia del país. Luego viene la dictadura. Y el sindicato, para poder sobrevivir tuvo que transformarse casi en un club; se convirtió en una zona de encuentro de la sociedad para compartir todo lo que entonces se estaba viviendo.
 
Pero en esa actividad semiclandestina el sindicato cumplió un rol en el barrio, en la sociedad, en la resistencia. Acá se dieron fenómenos incipientes en ese momento: las murgas, el canto popular y luego la etapa tan conocida de Estudio Uno, cuando Cinemateca —al final de la dictadura y principios de la democracia— la incorporó a su circuito.
 
Después, en ese período tan increíble que fue el del reencuentro de los uruguayos con quienes regresaban del exilio, AEBU se transformó en un lugar donde, al regreso del aeropuerto, los recibíamos. Vivimos toda la emoción de verlos venir por la rambla hasta su llegada a nuestro local. Acá estuvieron Zitarrosa, los niños del exilio (protagonistas de la película que vimos hace poco), volvió Viglietti, también lo hizo el elenco de El Galpón. Y la sala era el lugar de recepción obligado.
 
Por eso la estamos tratando como una pieza del patrimonio nacional. No le vamos a cambiar las butacas por otras japonesas nuevas porque son parte de la acústica misma. Ahora lo que hicimos fue retapizar algunas butacas que son de 1968 (ya tienen sus años), porque la acústica no se puede tocar. En esta tarea de recuperación estamos trabajando con un grupo de arquitectos que fueron colaboradores de Lorente para mantener todo en su estado original.
 
VÍCTOR CARPIO — En principio, lo que procuramos es poner a la sala nuevamente en el ruedo del espectáculo. Lo que se va a hacer ahora es aprovechar el calendario acotado que tenemos (dado que se viene fin de año) en las fechas del 3, 4, 5, 9 y 11 de diciembre.
 
Para el año que viene, con todos los cambios que se continuarán haciendo en infraestructura y las mejoras que introduzcamos, terminaremos de reinsertarla en el ruedo del circuito artístico de Montevideo, ya sea para actividades teatrales como para escenario musical.

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