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Los secretos de una unidad sin brechas

Mié 14/09/2016 - 14:32 por Administrador

Una mesa redonda integrada por el historiador y politólogo Gerardo Caetano y el profesor Gabriel Quírici tuvo lugar el 18 de agosto en la Sala Camacuá de AEBU. En ella fue explorado el principal tema vinculado con el aniversario que se conmemora: la vigencia de la unidad del movimiento sindical tras 50 años de consolidación y crecimiento. Y como resultado de este encuentro de enjundiosos analistas, el que sigue es un documento para coleccionar.

Gerardo Caetano

Creo que el movimiento sindical es un actor fundamental en la historia uruguaya. Nosotros tendemos a naturalizar cosas que no son nada naturales. Por ejemplo, pensamos que en las sociedades contemporáneas el movimiento sindical es el movimiento más fuerte. Y yo los convoco a que comparen la tasa de afiliación —que es un indicador de la fortaleza, no el único, del movimiento sindical uruguayo— con la tasa de afiliación sindical en América Latina o en las Américas. Advertirán que la tasa uruguaya es la más importante de toda América, y está entre las diez más importantes del mundo.

También naturalizamos que los movimientos sindicales tienen centrales únicas. Para nada. Es una singularidad muy excepcional que los países tengan centrales únicas. Porque, por lo general, como ocurrió durante mucho tiempo en Uruguay, las centrales estaban definidas por corrientes ideológicas. Por ejemplo, en el año 1929 llegamos a tener la FORO, de inspiración anarquista; la USU de inspiración socialista y anarco-sindicalista, y la CGTU, de inspiración comunista. Los primero de mayo había tres actos, a distinta hora, en distintos lugares y la policía actuaba para que no hubiera incidentes entre las distintas organizaciones sindicales.

La dimensión organizativa es clave, y el movimiento sindical uruguayo ha hecho una apuesta que no es corporativa y que al mismo tiempo ha defendido ciertos criterios centrales. Uno de los que no debe claudicar nunca es la independencia respecto al Estado. En América Latina muchos movimientos sindicales emergieron de experiencias populistas que, desde el Estado,  construyeron o cooptaron sindicatos que de alguna manera estaban asociados a esa lógica de cooptación populista. El movimiento sindical uruguayo no lo hizo. ¿Eso en qué se traduce? No conozco un solo dirigente sindical que sea rico, ni uno. Y si voy a la Argentina, conozco muchísimos dirigentes sindicales que son millonarios y que han hecho su fortuna en ese vínculo corrupto con el Estado. Y esta situación la he visto en muchos países de América Latina. Aquí la autonomía respecto al Estado es un valor fundamental.

La unidad del movimiento sindical la forjaron pioneros, muchos de los cuales nos acompañan todavía, que defendían ideas, pero sobre todo defendían valores. En la izquierda está muy establecida la idea de que la historia de las izquierdas es una historia de ideas y que lo más importante son las ideas. Y no es así. La historia de las izquierdas es una historia de ideas y de hombres, de personas, de seres humanos. Por eso es la relevancia que tiene un José D'Elía. Quien conoció a José D'Elía sabe que hay ciertos valores que definen más que cualquier ideología y que él supo recoger en su vida como nadie, incluso en clave programática. La forja de la unidad sindical fue desde una diversidad ideológica hacia una unidad programática. Esa es una construcción fruto de una negociación permanente. No la idea de que solo desde la unidad ideológica se puede forjar la unidad política, social o programática. La clave de la unidad del movimiento sindical, como la del Frente Amplio, ha sido la contraria, desde la diversidad ideológica, la unidad política, la unidad programática. ¿Y eso cómo se ha logrado? Con una gran cultura de la negociación, con una gran valoración de la negociación, con una gran construcción que por otra parte no se acaba nunca. La unidad sindical no es algo que se construye de una vez y para siempre y queda congelado. La unidad sindical es demasiado importante y hay que recrearla y resignificarla día tras día.

Más valores que ideas

Gabriel Quírici

Ocurre a veces, ocurre en las sociedades, ocurre en las organizaciones, que un pasado muy épico, muy valioso, se convierte en un pasado tan idealizado que después, quienes lo continúen, solo se remiten a ese pasado sin creatividad y sin adaptarse a los tiempos que corren, distintos de aquel pasado. Ese es un desafío que tenemos. Sin dejar de rendir el justo y sentido homenaje (no el homenaje ritual y litúrgico falso) hay que tenerlos presentes, están presentes, pero también tenemos que saber que para mantener la unidad en el futuro esto será con otras articulaciones, con otras negociaciones, con otros problemas que no se nos presentan hoy.

Si tuviera que trazar algunas líneas de por qué en 2016 la vigencia de la unidad es importante, creo que es porque es muy necesario saber leer los tiempos que corren. Yo no soy obrero, nosotros nos dedicamos al pasado que es más fácil (tampoco más fácil, porque después aparecen noticias nuevas que te rompen los esquemas). Pero la situación que se viene va a demandar respuestas nuevas. Yo entiendo desde la lectura de todo lo que ha ocurrido en este medio siglo de Convención [Nacional de Trabajadores] y Plenario [Intersindical de Trabajadores] que, a la larga, la unidad nunca fue una unidad de yeso, siempre fue unidad en diversidad.

El Congreso del Pueblo no fue solo de trabajadores, por suerte. Además, todos sabemos que hay muchas situaciones del mundo del trabajo en las que después la gente termina prestando servicios. Pensemos hoy (no quiero abrir ningún debate raro) en Uber. ¿Qué es esa gente? No sé si alguna vez vendrán al PIT-CNT, pero habría que pensarlo en algún momento.

Creo que la gran lección que uno trae de la historia con respecto a la unidad tiene que ver con esa base, que son valores más que ideas, de que ninguno de todos nosotros tiene más razón que todos juntos. En la medida que se van articulando y cediendo, porque en los 50 años del «Programa de respuestas a la crisis» (surgido del Congreso del Pueblo) un marxista-leninista no hubiera estado completamente de acuerdo, un anarco-sindicalista tampoco, un batllista tampoco. Pero todos terminaron de acuerdo, generando una propuesta.

Por un lado, la unidad en la diversidad es una garantía de creatividad, para no creer que hay una sola lectura correcta para hacer el diagnóstico y las propuestas. Eso me parece muy importante. Lo segundo también es una potencialidad para que las propuestas sean creativas y no dejen de tener en cuenta los valores. Uno puede hacerse el ultra; es fácil hacerlo discursivamente porque es juntar ideas radicales; llevo a la izquierda mis ideas y ya está. También me puedo hacer el supercreativo y eso no se aplica en ningún lado. Lo que tiene el movimiento obrero —y por eso también creo que el recuerdo vale— es que quienes lo practicamos, lo vivimos diariamente, estamos en ida y vuelta con la gente que trabaja, con la gente que todos los días tiene que hacer las cosas para mejorar la educación de sus hijos, para pagar lo que le tenga que tocar de Fonasa. En ese ida y vuelta, las propuestas no van a dejar de tener en cuenta a las mayorías. Esa es también una garantía de democracia.

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Otra vez la asamblea tiene la palabra
 

Cuatro meses nos separan de la asamblea del 7 de mayo, cuando por resolución mayoritaria fue desestimado el preacuerdo alcanzado con el gobierno para el convenio del sector. El tiempo transcurrido fue de actividad intensa, según explicó Gonzalo Pérez, y para el cuerpo por él conducido —el Consejo del Sector Financiero Oficial— «la finalidad  durante todo este periodo fue alcanzar los objetivos resueltos».

En este transcurso «se ha hecho una incalculable cantidad de movilizaciones que han ido acompañando a la negociación colectiva: desde conferencias de prensa hasta la realización  cabildos en diferentes lugares para atender la problemática del cierre parcial de dependencias», detalló. Se trabajó también en la creación de materiales de propaganda como siluetas que denunciaban la falta de personal y en la impresión de 15 mil volantes destinados al público para proclamar la necesidad de los nuevos ingresos y expresar el no a las tercerizaciones, así como en la confección de pasacalles distribuidos  en todo Montevideo, para reclamar una negociación colectiva en la banca oficial.

La actividad llevada adelante —agregó Pérez— se manifestó también «en movilizaciones que nos acompañaron al Ministerio de Trabajo cada vez que teníamos una negociación, la realización de conferencias de prensa en diferentes instancias del período y en los paros zonales que realizamos en todo el país en diferentes oportunidades».

Esta tarea acompañó «una negociación que no tuvo eco en el Poder Ejecutivo porque nos encontramos con su intransigencia cerrada para considerar la nueva plataforma resuelta por la asamblea del 7 de mayo». Esta actitud determinó que nuestras iniciativas destinadas a atender la necesidad de los bancos de ampliar en algunos lugares el horario de atención al público no fueran escuchadas. Y llegó el momento en que «luego de cuatro meses, hace falta trasladarle a los compañeros los resultados de negociación», expresó el dirigente.

A su criterio «fueron muy importantes las juntas de delegados hechas en cada banco y el plenario nacional de la banca oficial, que fueron marcando el camino en el proceso de movilización y los objetivos que teníamos fijados como colectivo».  De hecho, «el último plenario nacional de la banca oficial reunió a más de 100 delegados y la gran mayoría trajo la posición de sus lugares de base de rescatar el preacuerdo que había sido rechazado en la asamblea», enfatizó.

Sobre el resultado de la negociación dijo: «El gobierno trasladó durante todo el proceso que lo máximo que había podido ofrecer había sido dado ya en el preacuerdo, que no existía margen para ampliar ese proceso porque no se había guardado nada en la negociación». Ello significó que volviera «a poner arriba de la mesa el preacuerdo o la renovación a tapas cerradas del convenio colectivo».

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Una historia de constructores
 

Participante y testigo, heredero de una historia rica y hoy conductor. Así es Pedro Stéffano  —presidente de AEBU desde 2015—, con tantos años de militante como de bancario. No es fundador de la CNT pero sí recuerda nuestro camino recorrido junto a otros grandes sindicatos.

Las primeras figuras de AEBU que vienen a su mente son las de Luis Iguini, Carlos Buozas y Raúl Varela. Más cerca en el tiempo recordó a Manuel Negro, Lalo Fernández y citó también al Manso Fernando Gambera. Los primeros fueron fundadores de la CNT y los siguientes continuadores de esta unión en su versión actual del PIT-CNT, «todos compañeros que trabajaron siempre en base a la unidad». Junto a ellos evocó a quien fuera  presidente del sindicato en la época de la dictadura, Juan Pedro Ciganda, uno de los oradores del acto del Primero de Mayo de 1983 junto con Juan Carlos Pereira (FUNSA), Richard Read (FOEB), Andrés Toriani (FUS) y Carlos Secco (Untmra).

«Juan Pedro dirigía al sindicato junto al Purrete [Milton] Antognazza. Integraban como suplentes una lista que venía desde antes de la dictadura. Como se fueron llevando presos a todos los titulares ocuparon sus cargos y ascendieron compañeros como el Lalo Fernández quien más tarde asumiría como presidente».

No puede hacerse un recordatorio de AEBU y de la CNT sin mencionar al doctor Raúl Varela y en este lugar común Pedro puso también su comentario: «Él no cumplió un ciclo y se retiró, sino que siguió trabajando. Y lo pongo como ejemplo, al igual que a todos los compañeros integrantes del CDA de Jubilados: Luis Iguini, Roli Giraldi, Hebert Díaz, el Mudo Laferranderie, Lelia González».

En otro salto en la memoria nuestro presidente recordó cuando gracias al invento del coronel Bolentini se formó los sindicatos por empresa. Entonces, «si bien se discrepaba con esta reglamentación de la dictadura, nos juntamos para hacer nuestro sindicato de rama, para con él llegar al plenario intersindical».

Ya sumergido en aquella etapa de la resistencia mencionó: «Siempre estábamos organizando actividades como los Juegos de Primavera, concursos de murgas…¡Hasta campeonatos de damas hicimos en AEBU con tal de atraer gente y lo lográbamos!». Y volvió a los nombres que no se borran: «Por los primeros 80 se incorporó gente joven como Juanjo [Ramos], Gustavo Bernini, Mario Busca, Marcos Arias, Laura Yáñez. Y menciono a los más conocidos, porque había mucha más gente».

Un golpe muy duro marcó al sindicato en 1969 con 182 bancarios despedidos por ejercer sus derechos sindicales durante el pachecato. «Se dio una lucha muy grande para su reincorporación. Algunos pudieron reingresar o pasar a otros bancos; en otros casos se arregló su situación jubilatoria, y se manejaron aportes extraordinarios de los compañeros para atender a determinadas situaciones».

Y llegó el momento del recuerdo de Juanjo, «que le dio un vuelco fundamental al gremio. No hubo otra persona que haya logrado un reconocimiento y una proyección que excediera totalmente al sindicato. Destaco el respeto que todos los compañeros le tenían. No era una persona que solamente hacía un discurso brillante, sino que lo que decía lo cumplía. Fue uno de los compañeros que hizo muy grande a este sindicato, que lo hizo crecer». 

Ineludible también fue el repaso de la crisis de 2002: «En ese momento no todo el mundo recuperó la totalidad de sus depósitos, pero AEBU fue el que se puso la camiseta para que saliera un banco nuevo. No lo hizo solamente por los 900 puestos de trabajo que estaban en juego, sino por la plata de la gente, por una manera de conducir al sistema financiero y de evitar que se rompiera la cadena de pagos. No quiero decir que Juanjo solo lo hizo porque hubo muchos compañeros que aportaron en esta etapa como Pablo Bolita Andrade, quien fue fundamental; Lalo (Fernández); Manuel Negro; Laura Yáñez y muchos otros más, porque fueron una legión los que salieron a defender nuestra propuesta y recorrieron el país, las radios y las televisoras».

El 31 de agosto las negociaciones finalizaron y «las alternativas son las señaladas u otras que puedan aparecer en la asamblea del 14 de setiembre en el Club Aguada».

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En tiempos fundadores «la síntesis era estar peor o mejor»
 

En su reflexión sobre los 50 años de la unidad sindical, Fernando Pereira, presidente del PIT-CNT, se retrotrae otros treinta para referirse a las búsquedas que la precedieron.

«Eduardo Platero (antiguo dirigente de ADEOM y la CNT) lo plantea bien. Él dice que «la unidad sindical es fruto de 30 años de frustración en la búsqueda de un consenso que permitiera al movimiento sindical ser más fuerte». Eso suponía ceder posiciones, buscar mínimos comunes, encontrar reglas de juego que pudieran interpretar las expresiones marxistas-leninistas, las cristianas, las anarquistas, los partidos políticos, las expresiones religiosas. Yo creo que se logró una cosa excepcional para el mundo que tiene que ver con el tamaño del Uruguay, pero también con nuestra cultura política: un cuerpo unitario con las ideas elaboradas un año antes por el Congreso del Pueblo».  De esta forma Fernando Pereira entregó  su primera  respuesta en la entrevista realizada por Andrea Moreni para Radio Camacuá, a propósito de la conmemoración de los 50 años de la unidad sindical uruguaya.

No mirar desde la desconfianza

«Para el Uruguay tal vez esta sea una de las construcciones democráticas más importantes.  Esto se va a ver seguramente dentro de 50 años; todavía están vivos los fundadores, o muchos de ellos. Dentro de 50 años, cuando el tiempo pase y nuestros libros estén más amarillos, vamos a vivir esto como una gesta histórica de un valor inigualable en el movimiento obrero latinoamericano.

»La unidad se puede construir y romperse rápidamente. Cerca nomás tenemos centrales que se unificaron y se fracturaron al poco tiempo o que por cualquier diferencia se dividen. Acá hace 50 años que estamos juntos tratando siempre de hacerlo de la misma manera: buscando los mínimos comunes que nos permitan construir una sociedad más equitativa. Esa es la esencia del movimiento sindical: mucha oreja, mucha capacidad de diálogo y mucho poder ver al otro con cariño. No mirarlo desde la desconfianza sino desde el amor a un compañero que está dejando la vida, igual que vos, en la cancha».

Cuatro generaciones que suman

Y no hay una sola generación responsable de estos logros, resume Pereira: «Cuando uno pelea por un poco de salario, por dignidad en el trabajo, porque no haya abuso laboral, porque los jefes no echen porque sí, está peleando por el ahora, pero también para la construcción futura. Cada golcito que metés, el día que lo metés sentís que es el gol de tu vida, pero va acumulando para tener una mejor sociedad. […] Hoy ya somos cuatro generaciones de dirigentes. Ya no se puede decir que la unidad se sustenta solo porque los veteranos la construyeron y la sostuvieron. Ya se puede decir que cuatro generaciones de dirigentes sindicales la han sostenido.  Está sustentada en principios filosóficos, en principios ideológicos y sobre todo en el análisis correcto de cada etapa».

Primero el programa

«No es 'nos juntamos y vamos a ver qué programa tenemos'. No. Vamos a construir el programa y la organización para llevar adelante ese programa. No se pensó al revés: vamos a construir la central y vemos qué programa le ponemos después. Creo que eso, por ejemplo, identifica bien a Héctor Rodríguez, a [Wladimir] Turiansky, a Enrique Rodríguez, a [Gerardo] Cuesta o a [León] Duarte, que tenían mucho pienso y piensos muy distintos. Sin embargo la síntesis la hacían, porque la síntesis era estar peor o mejor, en condiciones de resistir cuando se tuvo que resistir y en condiciones de avanzar cuando se tuvo que avanzar. Si no, hubiera sido imposible que, tras aguantar  años de dictadura, volvieran los veteranos e inmediatamente se construyera la consigna "un solo movimiento sindical". Algo imposible si no se hubiera cementado sobre bases ideológicas. Solo la forma no hace una organización, la hacen la forma y el contenido».

 

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