ACTUALIZADO | 19/09/2018 - 17:44

«Espíritu del sindicato se materializa en su edificio»

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«Espíritu del sindicato se materializa en su edificio»

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El primer edificio construido en Uruguay exclusivamente para ser la sede de un sindicato fue el de AEBU. Nació así, en 1968, una gran muestra de arquitectura joven y renovadora.

«De cara al mar y de cara al barrio; de cara a la salida del sol y también a su puesta», lo describió uno de sus realizadores, el arquitecto Rafael Lorente Mourelle. «Un edificio que habla con el barrio» desde su plaza interior y desde sus terrazas escalonadas sobre la calle Reconquista. Con estos conceptos Lorente se refirió a su obra en el conversatorio desarrollado el viernes 31, organizado por AEBU para conmemorar los 50 años de la finalización de nuestra sede.

«El edificio fue concebido en términos de una familia, para una familia, era la casa del bancario, era un hogar para el bancario. No era [solo] un edificio donde se superponían actividades y que funcionara todo bien. Todo eso tenía que ser, sí. [Pero] aparte de eso tenía que ser y expresar esa unidad entre los que venían a desarrollar actividades gremiales, deportivas y culturales».

«Una ciudad en la ciudad»

A juicio de la arquitecta Laura Alemán, profesora agregada del Instituto de Historia de la Arquitectura, «este edificio es una ciudad en la ciudad por lo que aporta. No es un objeto bello que se apoya en cualquier lugar». Por el contrario, tomó nota del barrio y de su geografía. Lo que premió el jurado del concurso  fue «un edificio que trasciende lo funcional y agregó un plus».

Alemán destacó que en 1964, cuando se falló el concurso para el que se presentaron más de ochenta proyectos, estaba trabado un debate teórico entre los arquitectos uruguayos. En ese momento algunos de ellos cuestionaban una arquitectura que creían agotada e impertinente.

«Edificio con alma»                                                                                                

Totalmente ajenos a estos debates teóricos estaban los bancarios, quienes proyectaban un local a partir de sus necesidades y, al decir de Milton Antognazza —secretario general de AEBU en la época de su construcción— sobre el edificio en el sindicato «había tantas opiniones como barritas tiene el revestimiento  de sus paredes».

El empujón inicial para la obra fue un aumento salarial del 30% recibido  por los trabajadores bancarios en un contexto de alta inflación. Y una asamblea general de la banca privada, a propuesta de Carlos Yacobucci —un trabajador ya fallecido— dispuso por aclamación dedicar un mes de este aumento para adquirir las casas semiderruidas, ubicadas donde hoy se asienta AEBU.

Más tarde, con la venta de bonos denominados «ladrillos», se recaudó el dinero necesario para la ejecución de lo que algunos calificaban de «innecesario palacio», impropio para un sindicato de trabajadores. El tiempo y el uso dieron la razón a quienes, con el ex secretario general Aníbal Collazo como inspirador, lo soñaron desde AEBU. Y a quienes diseñaron y construyeron este «edificio con alma», al decir de Antognazza.

Rosario Castellanos, la conocida periodista que en sus años de estudiante de arquitectura trabajó como dibujante en esta obra, afirmó que ahora participaba en carácter de conductora del programa Los ojos de la radio. En su breve intervención destacó la casa de AEBU como «un aporte a la ciudad que agrega cualidades a la rambla», y señaló a partir de este ejemplo que «los arquitectos han hecho mucho más ciudad que los políticos».

Por su parte el decano de la Facultad de Arquitectura, Marcelo Danza, aclaró que no hablaba «desde el decanato» sino «como un arquitecto más, admirador de Rafael Lorente Mourelle». Para Danza, «un edificio es un cuerpo que representa cosas. Este es el cuerpo de AEBU; el espíritu del sindicato se materializa en su edificio». Y se trata de una construcción que significó entonces «una bofetada a la cultura arquitectónica del momento», algo que no le impedía ser a la vez «radicalmente contemporáneo», al decir del decano.

Danza señaló que Lorente Mourelle y Juan José Lussich, quienes trabajaron junto a Rafael Lorente Escudero en el proyecto y ejecución de la obra eran dos estudiantes a punto de recibirse que influyeron profundamente en su diseño con «la pujanza de los jóvenes». Destacó que en la Facultad de Arquitectura «cada vez que aparece un proyecto nuevo, de esos que son tan polémicos, solemos escuchar muy poco qué piensan los jóvenes sobre ellos. Hay unos cuantos referentes culturales que difunden su visión normalmente con sólidos argumentos difícilmente refutables, porque se paran en un lugar donde contraponen lo ‘bueno’ y lo ‘malo’ y siempre ahí gana lo ‘bueno’». Y ante esta situación «se necesita la versión de los jóvenes, los que hoy tienen 20 y pico de años, los que van a vivir la ciudad dentro de 50 años».

Hace 50 años, la versión renovadora de dos jóvenes, unida a la de un arquitecto ya fogueado pero abierto a los cambios, fraguaron un proyecto que «es patrimonio, pero no lo podríamos construir hoy», porque el tiempo no se detiene y la arquitectura continúa su evolución, expresó el decano Danza.

En primera fila, siguiendo las exposiciones, estaba en silencio otra persona. Se trataba del ingeniero Marcelo Sasson, incorporado al equipo de los Lorente y Lussich para el edificio de AEBU por sugerencia de Eladio  Dieste, con quien trabajó en numerosas obras.

Al finalizar las exposiciones del conversatorio Lorente Mourelle lo invitó a participar. «Esa obra formó parte de mi vida y de mi trayectoria profesional» y «es el recuerdo de mi infancia ingenieril», dijo Sasson en sus primeras palabras. Luego el ingeniero se desprendió del pasado remoto para recordar una anécdota reciente, surgida cuando hace dos años recorrió el edificio nuevamente junto a Lorente Mourelle y el arquitecto Mariano Arana. En ese tránsito por nuestra sede pasaron por la biblioteca y mientras contaba anécdotas sobre el diseño de ese sector fue interrumpido por una funcionaria quien se acercó y le dijo: «Ah, usted participó de esto». Y le estampó un beso. Entonces, quien se identificó como funcionaria de biblioteca [Mercedes Perera] empezó a contar: ‘Yo hace 20 años que trabajo acá en este edificio y usted no se imagina lo que es esto. Todo lo que usted dijo sobre la calidad de este espacio es exacto. No se imagina lo que es el día a día de una persona que hace 20 años está trabajando en este lugar, recorrer este espacio por la parte curva. No se imagina el placer que experimento cada día’. Creo que ese es el mejor homenaje al equipo de arquitectos que generaron un espacio que a mí me llegó siempre [al corazón]», concluyó el ingeniero con emoción.

El conversatorio fue inaugurado con breves palabras por nuestro presidente Pedro Stéffano y transmitido por Radio Camacuá. Su versión completa puede ser vista en el canal de YouTube de Radio Camacuá.