ACTUALIZADO | 16/08/2018 - 20:48

Jota y tango en Sala Camacuá 

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Jota y tango en Sala Camacuá 

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Por primera vez nuestra Sala Camacuá encara una producción musical propia y se trata de un espectáculo imperdible.

Una española y una uruguaya —ambas con excelente trayectoria nacional e internacional— subirán al escenario para proponernos «Jotas, tangos y otras aves».

Las unió un amigo en común. En su primer encuentro de hace una semana descubrieron sus afinidades y el próximo 22 de febrero, a las 21 horas, actuarán juntas en Sala Camacuá. Hablamos de dos mujeres exitosas, una en España y la otra en Uruguay: son Carmen París intérprete y compositora española y nuestra reconocida cantora tanguera Gabriela Morgare

Carmen tiene una estrecha vinculación con nuestro país y ya ha actuado en la Sala Zitarrosa, acompañada por los principales solistas de la Banda Sinfónica de Montevideo. En esa ocasión presentó su último trabajo discográfico, Ejazz con jota.

Para la actuación en Sala Camacuá tienen previsto que cada una incursione en el repertorio de la otra. «Yo he cantado muchas cosas, no solo tangos, aunque se me conoce con un perfil tanguero, pero vengo de otros géneros», contó Gabriela. Al resumir su experiencia y fundamentar este intercambio de repertorios, Carmen expresó: «Antes de hacer las jotas fusionadas yo canté zarzuela, rock and roll, canté en orquestas de baile en hoteles porque tenía que subsistir. He cantado de todo». 

Nuestra visitante española es cultora de la jota, un género musical nacido a fines del siglo XVII y comienzos del XVIII, anterior al flamenco. «A los 30 años me planteé poner todo lo que había aprendido al servicio de la jota». Pero —anteriormente y desde muy joven— «había pasado muchos años en el conservatorio estudiando piano, guitarra, violonchelo, armonía y solfeo». De manera que, con esos antecedentes académicos, «me puse a hacer mis composiciones utilizando las melodías de la jota, pero aportándoles todo lo que había aprendido de la música latinoamericana. Sobre todo porque en mi trabajo reivindico nuestra cultura hispanoamericana frente a la invasión anglosajona que es aplastante».

En mi trabajo reivindico nuestra cultura hispanoamericana frente a la invasión anglosajona que es aplastante.

Esta invasión no la preocupa; por el contrario toma lo bueno: «No la rechazo y de hecho en mi último disco he hecho jotas por jazz»: Ejazz con jota (Producciones Parisinas, 2013). Se refirió así a un disco grabado en Boston con la Concert Jazz Orchestra de Greg Hopkins —una big band formada por 16 músicos de reconocimiento internacional— con George Garzone y Joel Rosenblatt como invitados especiales, en el mítico estudio Blue Jay.

Gabriela también pone en primer lugar la música de su tierra. «Aunque, como cantante de tango, siempre digo que no solo me nutro del tango». Es que le gusta «escuchar de todo porque eso te hace crecer».  A diferencia de Carmen Gabriela no vive de la música. En su caso «la abogacía ayuda a la cantante», afirmó aludiendo a su profesión. Comenzó cantando en una banda de rock, pero no puede dejar de ser música a tiempo parcial, como casi todos los artistas uruguayos. Entiende que, en la mayoría de los casos, para vivir de la música en Uruguay es necesario ejercer su docencia, pero reconoce que como cantante no tiene «la vocación para tomar el instrumento de otra persona» y darle clases. «En eso soy muy respetuosa».  Por ello en su caso «la abogada siempre está para ayudar. Soy mitad abogada y mitad cantante».

Como cantante de tango, siempre digo que no solo me nutro del tango.

Afuera y cantando

Nuestra entrevistada española presentó entre sus credenciales un hecho inusual: «Me echaron del conservatorio a los 22 años por heterodoxa, porque me gustaba preparar obras modernas para el examen de piano: proponía un ragtime, un tango… y esto en el conservatorio no  lo veían muy bien. Y lo mismo en la asignatura de canto; tenía muy claro que a la lírica no me iba a dedicar si quería ser pianista, pero cuando me echaron del conservatorio ya había empezado a cantar en orquestas de baile y a cantar zarzuela con el Teatro Lírico de Zaragoza y a integrar grupos de blues y de rock».   

Antes que nada, en sus comienzos, Carmen era intérprete. Aunque componía, le daba vergüenza mostrar sus canciones. «No se las enseñaba a nadie y todo cambió cuando me enamoré  de un músico uruguayo, el gran Coco Fernández que falleció hace tres años». Coco llegó de gira a Aragón junto con Mariana Ingold y Osvaldo Fattoruso, una cuerda de tambores y bailarines. Ya unido a ella —reconoce— «fue muy importante en mi visión de la música, porque gracias a él empecé a componer en serio y a acompañarme yo sola. Cuando conocí el candombe y la música de este país para mí fue una revelación, porque la música de acá es mestiza. Eso me dio muchas pautas para lo que luego he desarrollado y para hermanar la jota con otras músicas». 

Junto con las fusiones sus composiciones y sus arreglos están impregnados de «joteo», una forma particular de cantar. Joaquín Sabina, luego de escuchar su versión de Calle melancolía en el disco Entre todas las mujeres, la llamó una mañana para darle la enhorabuena. «Le dije, ‘menos mal que te ha gustado porque le he cambiado tanto’. Pero me dijo ‘¡era tu obligación, esa era tu obligación!’ A las canciones que interpreto las cambio para darle mi impronta, pero respeto la melodía y la letra original». 

Junto con las fusiones sus composiciones y sus arreglos están impregnados de «joteo», una forma particular de cantar.

Hallazgos en el baúl del tango

«El tango debe tener determinados códigos que, para mí, si no están se desvirtúa. Por ejemplo, con el guitarrista Carlos Gómez, con el que actúo, tenemos el criterio de no ser tan tradicionalistas y a la vez lo somos. Pero la búsqueda del cantor de tangos consiste en investigar dentro del enorme repertorio que ofrece el género. Me gusta cantar canciones no muy conocidas, de los años 30 y 40, pero que no son las que eligieron anteriormente los cantores de tango», explica Gabriela. 

Me gusta cantar canciones no muy conocidas, de los años 30 y 40, pero que no son las que eligieron anteriormente los cantores de tango.

Acto seguido pone como ejemplo a Naranjo en flor, «un tango hermoso que te lo piden siempre, pero lo ha cantado todo el mundo. Mi tarea es un poco difícil por eso. Siempre busco joyitas en ese repertorio tan extenso sin nadie que las rescate y las cante. Allí se encuentran temas ‘que no tienen tiempo’. He incorporado al repertorio autores nuevos. Hay un chico José Arenas de 20 y pocos años  y junto con Carlos Gómez mi guitarrista hacemos temas suyos y también tomo otros que no son tangueros, pero tienen mucho de tango, compuestos por Esteban Klisich». 

Morgare también interpreta temas de Carlos Gómez —a quien admira— y de Alberto Mastra  «un gran compositor de tango uruguayo que por suerte se está difundiendo». No fue la única que reparó en él, pero Lágrima Ríos fue quien abrió ese camino, destacó. Y fue así que, «junto a otros cantores y músicos empezamos a desempolvar los temas de Mastra y a interpretar algunos de los menos conocidos. El público queda muy satisfecho y yo les digo ‘este es Mastra, es uruguayo’». 

Cierre de ciclo y nuevos proyectos

En Carmen París hay una musicóloga escondida y su oído entrenado ha hecho muchos descubrimientos en sus periplos por el mundo. Escuchémosla: «En mi próximo disco —que estoy empezando a incubar aquí— quiero hacer un viaje por lo que nos une que, he descubierto, es la jota. He descubierto que la jota es la base de gran parte del folklore hispanoamericano desde México hasta acá. También en Filipinas hay jotas, en el Mediterráneo también hay jotas. En ese disco voy a cerrar este ciclo por el que me he dado a conocer; será el quinto álbum en solitario y quiero que cierre lo que ha sido mi trabajo basado en las jotas populares».     

En el disco que nos promete se incluyen «los ingredientes de los viajes de ida y vuelta que hice entre Hispanoamérica y la península ibérica, porque llevamos 500 años de intercambio musical y cultural en general». Entre las influencias más poderosas de su fusión que podremos reconocer en sus canciones, citó a músicos del Cono Sur, el Caribe cubano y México.  A ello sumó ingredientes mediterráneos y africanos. La enumeración de influencias no termina aquí. También cuentan «la tradición andalusí y sefaradí que hay en nuestro folklore y a todo ello le agrego el jazz. Con estos componentes hago mis guisos, los únicos que hago porque soy solamente cocinera musical».

Así como Carmen está en permanente evolución y cerrará un ciclo para abrir otro, Gabriela ha experimentado con diferentes acompañamientos y se asoma ahora también a un nuevo proyecto. «Personalmente me encanta cantar con guitarras y sobre todo hacerlo con las Criollas Guitarras, el dúo integrado por Daniel Federico y Poly Rodríguez, que son ‘mis violas’. Para mí ellos solos son una orquesta. También me gusta el trío La Yunta (bandoneón, contrabajo y piano) que tiene un color distinto y me encanta tocar con ellos».  Y ahora, tras estas experiencias, «con la pianista, Mayra Hernández, tenemos un proyecto de mujeres. Es una gran pianista clásica que empezó a meterse en la música popular. Tenemos un proyecto de dos mujeres haciendo tango que nació en un concierto de La Yunta, tras haber tenido una gran respuesta del público a uno de nuestros temas. La de nosotros es una mirada muy femenina del tango, los arreglos los hace ella generalmente, aunque hay otros realizados por amigos».   

Y no quedan aquí sus planes: Con Carlos Gómez, su actual guitarrero, «tenemos un proyecto común también. El fue alumno de Julio Cobelli  y tiene una mirada jazzística. A mí me gusta mucho la música brasileña y también el jazz». Para dar una idea de hacia dónde puede apuntar esta sociedad, se explica y nos informa que con Carlos —«que es muy fundamentalista del tango—, en el disco que grabamos tengo una versión de Eu ti amo con aires de tango y cantada en español». 

El jueves 22 de febrero, a las 21, nuestros lectores podrán acercarse a Sala Camacuá a gozar del espectáculo de estas dos extraordinarias artistas, quienes representan tanto a la música de sus países como a las herencias culturales que estos han recibido. Junto a ellas participarán como invitados grandes músicos y amigos uruguayos, para acompañarnos en un evocador viaje de aromas y colores.